El precio del combustible en el país alcanzó un promedio de 1,43 dólares por litro, impulsado por el conflicto bélico en Medio Oriente y la política oficial de paridad internacional. Con un aumento del 20% solo en el último mes, Argentina solo es superada en costos por Uruguay y Perú en el ámbito sudamericano.

La escalada de tensión en Medio Oriente, tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha generado un fuerte cimbronazo en el mercado energético global. El barril de petróleo trepó de 65 a 96 dólares, impactando de lleno en los surtidores argentinos. En lo que va de marzo, la nafta súper ya registra un incremento del 20%, consolidando una tendencia alcista que parece no tener techo en el corto plazo.

Según datos de Global Petrol Prices, el valor promedio del litro de nafta en Argentina se ubica en 1,43 dólares. Esta cifra sitúa al país en el podio de los más caros de Sudamérica, superando ampliamente a vecinos como Paraguay (0,90 dólares), que a pesar de no ser productor neto de crudo, mantiene precios más competitivos. En la región, solo Perú (1,61 dólares) y Uruguay (1,89 dólares) presentan valores superiores.

Expertos del sector señalan que el precio final en el surtidor está compuesto por diversos factores. El valor del barril representa aproximadamente el 40% del costo, mientras que el resto se divide entre transporte y una pesada carga impositiva. Actualmente, los impuestos, incluyendo IVA, Ingresos Brutos y el Impuesto a los Combustibles, representan cerca del 35% del precio total que paga el consumidor.

Desde la asunción de Javier Milei, el combustible ha experimentado un aumento acumulado del 500%, pasando de 311 pesos a un promedio de 2.000 pesos por litro. Este salto se explica, en gran medida, por la actualización de los impuestos al combustible y al dióxido de carbono, que habían permanecido congelados durante casi dos años.

La situación ha reavivado el debate político sobre la regulación del sector y el autoabastecimiento energético. Críticos de la medida aseguran que se está generando una renta extraordinaria para las petroleras que termina pagando la población, mientras que desde YPF sostienen que los incrementos locales han sido menores a la suba internacional para intentar amortiguar la volatilidad extrema del crudo.

A pesar del superávit energético de 7.800 millones de dólares registrado en 2025, el Gobierno descarta por ahora regular los precios o volver a congelar impuestos, priorizando la entrada de divisas y las señales de inversión para las empresas del sector. Mientras tanto, la recaudación por el Impuesto a los Combustibles se ha vuelto vital para mantener el superávit fiscal del Estado, aunque especialistas advierten que la capacidad de pago de la población está llegando a su límite.

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