​De los píxeles a las plazas: las competencias de «farmear aura» desembarcan en la región y encienden el debate en Berisso. Lo que comenzó como un chiste recurrente y un sistema de puntuación imaginaria en redes sociales saltó al espacio público. Jóvenes de distintas edades se citan en parques locales para enfrentarse cara a cara en duelos donde la única arma es la actitud.

​Quien haya caminado en las últimas semanas por los espacios públicos del conurbano o seguido de cerca las tendencias de TikTok habrá notado un nuevo fenómeno de masas. Grupos de adolescentes forman rondas en silencio, mientras dos participantes caminan hacia el centro, sostienen la mirada en cámara lenta, ejecutan una pose estudiada o simplemente clavan una sonrisa imperturbable ante los vítores del público. No hay rimas improvisadas ni contacto físico; se trata de las competencias de «farmear aura».

​El concepto surge de la fusión de la jerga gamer y los códigos visuales de la Generación Z. El término farmear proviene del verbo en inglés farming, que en los videojuegos refiere a repetir una tarea mecánicamente para acumular puntos, recursos o experiencia. Por su parte, el aura mide de forma simbólica la presencia, el magnetismo personal, el estilo, el carisma y la seguridad de alguien. De la famosa frase «más mil de aura» o «menos cinco mil de aura» para puntuar momentos virales, los jóvenes pasaron a la acción: farmear aura es ejecutar gestos, miradas, caminatas o poses diseñadas para proyectar la máxima presencia y respeto social frente a un jurado de pares.

​Tras convertirse en furor masivo en países como Brasil y expandirse rápidamente por plazas del resto de Sudamérica, las convocatorias se territorializaron en la región de la capital bonaerense y sus alrededores. En puntos icónicos como el Parque Cívico o las plazas principales de Berisso, los primeros encuentros espontáneos comenzaron a reunir a chicos y chicas que se desafían en rondas urbanas. Lo que a los ojos de los adultos parece una absurda actuación en silencio o un juego de estatuas moderno, para los jóvenes se ha transformado en un código de pertenencia, creatividad performática y expresión donde gana el que demuestra mayor serenidad y estilo bajo presión.

​La dinámica del combate arranca con una entrada o desplazamiento estratégico hacia el centro de la ronda. Luego viene el desafío propiamente dicho, con la ejecución de gestos virales, microexpresiones o el manejo del silencio sosteniendo la mirada. Finalmente llega el veredicto, donde el público reacciona con ovaciones para consagrar a quien logró sumar más puntos simbólicos.

​Analistas del fenómeno afirman que este tipo de tendencias reemplaza viejos desafíos virales de riesgo por encuentros pacíficos centrados en el humor absurdo y el carisma. En tiempos donde la presencia digital suele aplastar el contacto real, los jóvenes de Berisso y la región encontraron en las batallas de aura un motivo para apagar la pantalla, reunirse en la plaza del barrio y competir, cara a cara, por algo tan etéreo como inestimable: la actitud.

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