La imagen de Berisso hoy duele pero no sorprende. Transitar por las calles de la ciudad se ha convertido en una carrera de obstáculos donde el bacheo no existe, el mantenimiento vial brilla por su ausencia y el asfalto cedido muestra el parate absoluto de una gestión municipal que parece haber bajado los brazos. A este deterioro continuo de la trama urbana se le suma una crisis sanitaria insostenible: esquinas transformadas en basurales a cielo abierto, montículos de residuos que se acumulan durante días sin retirar y un servicio de recolección colapsado por una razón tan elemental como vergonzosa: la falta de unidades operativas.

Mientras los camiones sufren roturas recurrentes y quedan abandonados en el corralón municipal, el ejecutivo es incapaz de gestionar la compra de nueva flota para reponer la maquinaria fuera de servicio, dejando a los trabajadores municipales sin insumos básicos y a los vecinos rehenes de la inmundicia y los olores fétidos a lo largo de los barrios.

Lo más alarmante de este escenario es el molesto aire de déjà vu que respira la comunidad. Los reclamos que hoy inundan las redes sociales, los portales locales y los despachos del municipio son exactamente los mismos padecimientos que sufría la ciudad durante la administración de Jorge Nedela, más de un mandato y medio atrás.

Prometieron ser la solución definitiva a la desidia del pasado, pero el tiempo pasó y las falencias estructurales no solo persisten, sino que se han profundizado. Se vuelve a caer en la misma trampa operativa de parches insuficientes y excusas presupuestarias que ya agotaron la paciencia del ciudadano de a pie.
Sin embargo, el argumento de la «falta de fondos» se cae a pedazos al observar hacia dónde se dirigen los recursos públicos de las arcas municipales.

La austeridad es un concepto que la gestión aplica únicamente hacia el bienestar de las calles y los servicios esenciales, ya que las partidas destinadas a sostener una estructura política hipertrofiada no paran de crecer. Berisso padece hoy las consecuencias de una planta de funcionarios desmedida, abarrotada de direcciones, coordinaciones y cargos creados a la medida de la rosca política, sumado a escandalosos y conocidos casos de nepotismo donde parientes, militantes y allegados directos encuentran cobijo con sueldos millonarios.

El gasto enorme que genera este engranaje de favores personales resulta abrumador para una comuna con servicios paralizados. Mientras los vecinos tienen que salir con palas de sus propios bolsillos a tapar pozos o juntar la basura de las veredas para evitar las plagas, el municipio elige priorizar los privilegios de una casta local que vive desconectada de la realidad que se respira en cada esquina golpeada de Berisso.

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