La Avenida Montevideo, históricamente el motor latente de la vida social y económica de Berisso, se ha transformado en los últimos meses en un preocupante mapa de persianas bajas y carteles de «alquiler» que se multiplican cuadra tras cuadra.
La crisis de la economía nacional ha golpeado con una fuerza inusitada a esta ciudad ribereña, donde el cierre de comercios de barrio ya no es una excepción, sino una tendencia que erosiona la identidad productiva local.
El caso más doloroso para el sentimiento industrial de la región ha sido el fin de Acerías Berisso. La histórica planta metalúrgica, con más de siete décadas de trayectoria fabricando piezas clave para la industria vial y petrolera, dejó de operar de manera traumática a finales del año pasado.
El conflicto escaló rápidamente cuando los trabajadores denunciaron el vaciamiento de la fábrica bajo el amparo de la noche, dejando a más de 50 familias en la calle y sin respuestas claras sobre sus indemnizaciones. La caída de Acerías no es solo una estadística; es el fin de un bastión del trabajo especializado que alguna vez fue el orgullo de la ciudad.
A pocas cuadras del centro, el sector minorista también sufrió un golpe simbólico y operativo con el cierre del supermercado Día%, ubicado en la intersección estratégica de la Avenida Montevideo y calle 24. La forma en que se produjo el cese de actividades —con empleados notificados por un mensaje de WhatsApp mientras se retiraba la mercadería de madrugada— generó un repudio generalizado. Y aunque sus puertas y su supuesta quiebra desaparecieron «mágicamente» un día después, el mecanismo de despidos quedó y maltrato laboral, quedó claro.
Sin embargo, estos dos gigantes son solo la punta del iceberg. Detrás de ellos se encuentran cientos de pequeños negocios —tiendas de ropa, fiambrerías, casas de repuestos y kioscos familiares— que han tenido que bajar sus persianas silenciosamente ante la imposibilidad de afrontar los aumentos en los servicios públicos, los altos alquileres y, fundamentalmente, el desplome del poder adquisitivo de los berissenses.
El paisaje de la arteria principal de la ciudad se ha vuelto sombrío: locales que durante décadas fueron puntos de referencia hoy lucen vidrieras vacías y polvorientas.
Desde los sectores gremiales y las cámaras de comercio advierten que la situación es crítica. La combinación de una inflación que no da tregua y una caída vertical en las ventas minoristas ha generado un «efecto desierto» en zonas que antes vibraban de actividad. Berisso, una ciudad forjada por el esfuerzo de inmigrantes y trabajadores, observa hoy con angustia cómo el entramado que sostiene su economía cotidiana se desmorona, dejando a cientos de vecinos en la incertidumbre y a una Avenida Montevideo que lucha por no perder su alma comercial.




