Hay sonidos que forman parte del ADN de una ciudad. El silbato de una fábrica, el murmullo del río y, por encima de todo, la sirena de los bomberos. Ese sonido que para muchos significa alerta, para los berissenses representa algo mucho más profundo: la certeza de que no estamos solos.
Este 25 de abril, la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Berisso cumple 102 años de vida, marcando más de un siglo de una entrega que no conoce de feriados, climas ni miedos.
La historia de nuestra institución es, en esencia, la historia misma de Berisso. Corría el año 1924 cuando un grupo de inmigrantes, hombres que sabían lo que era el sacrificio y la construcción de una comunidad desde el barro, comprendieron que la ciudad necesitaba protección.
Bajo el liderazgo de Domingo Leveratto y el primer jefe del Cuerpo Activo, Clarimundo Morgada, se encendió una llama que, a diferencia de las que ellos combaten, nunca se ha apagado: la de la solidaridad pura.
En aquel entonces, entre los frigoríficos, la destilería de YPF y las quintas costeras, ser bombero era un acto de fe. Hoy, esa fe se traduce en una estructura profesional que es orgullo regional, con un Cuartel Central y los destacamentos N°1 «El Carmen» y N°2 «Villa Zula», garantizando que cada rincón de nuestro distrito esté custodiado las 24 horas.
Detrás de los trajes estructurales y los camiones autobomba, hay personas de carne y hueso. Actualmente, son 105 hombres y mujeres del Cuerpo Activo, junto a 30 integrantes de la Honorable Escuadra de Reserva, quienes mantienen vivo el juramento de servicio.
Son vecinos que dejan el plato de comida caliente, el abrazo de sus hijos o el descanso de la madrugada para correr hacia el peligro cuando el deber llama.
Su labor ha evolucionado con el tiempo, convirtiéndose en expertos en rescates y emergencias complejas, pero manteniendo intacta la humildad de aquellos fundadores de la década del 20.
Cumplir 102 años no es solo acumular almanaques; es haber salvado miles de hogares, haber rescatado esperanzas entre los escombros y haber estado presentes en los momentos más oscuros de nuestra historia local.
Por eso, este aniversario no es solo de la institución, sino de todo Berisso. Cada vecino que alguna vez vio pasar una unidad con las balizas encendidas siente hoy ese nudo de gratitud en el pecho.
A los que están, a los que pasaron por sus filas y a los que dieron su vida en el cumplimiento del deber: Feliz aniversario. Gracias por cuidarnos, ayer, hoy y siempre.




