Se dice que Miramar es «más tranquila que Mar del Plata». Pero esta ciudad no solo es más tranquila, sino que tiene su propio espíritu.

Esto se puede apreciar en la forma en que está diseñada la ciudad de Miramar. La costa atlántica argentina cuenta con algunas ciudades que se han construido como si el verano fuera permanente: edificios altos, grandes marquesinas y un centro urbano que parece un parque temático. Afortunadamente, Miramar conserva un aire tranquilo de pueblo o ciudad chica, incluso cuando está llena. Las calles cercanas al centro siguen siendo transitables; hay diagonales, plazas que no son solo para atravesar al hacer las compras, y hay un paseo marítimo interminable y apacible para recorrer sin prisa. 

Luego está el bosque, que mucho más que un bosque, es una atracción turística. El Vivero Dunícola Florentino Ameghino es un intento real de fijar las dunas de arena y plantar árboles para evitar que envuelvan la ciudad. No es solo un bosque, es parte de una historia. 

A veces, la costa es recta: mar, carretera, edificios. Pero aquí hay curvas, sombra, ese inconfundible aroma a pino y hay un viento diferente; fresco y rejuvenecedor. La playa en sí tiene su propio carácter: no se trata tanto de la gente que hay en la playa, sino de cómo la utilizan. En Miramar la playa se vive de otra manera. La gente no va de paso: se queda, se instala y disfruta sin apuro. Se ve a personas leyendo, jugando, familias con chicos corriendo y divirtiéndose… y bastante menos pose. Puede parecer un detalle menor, pero cambia por completo la energía del lugar. No busca impresionar ni aparentar: simplemente es lo que es.

La forma de llegar también influye en la experiencia. Si vas en auto, llegarás estresado por conducir en medio del tráfico y buscar estacionamiento. Pero si vas en micro, no tendrás que preocuparte por estas cosas. A la hora de organizar el viaje, la mayoría se fija los horarios de los micros a Miramar y acomoda el plan para que sea lo más práctico posible. Después, ya en el lugar, es simple: podés caminar fácilmente a todos lados y tenés a mano la terminal si algún día querés visitar otra localidad cercana.

La memoria también es un aspecto importante. Algunas ciudades costeras cambian cada cinco años, desechando su historia. Miramar, con sus antiguos hoteles, algunos bonitos, otros deteriorados, y su aspecto de mediados de los 90 en algunas zonas, tiene sus matices. A veces, parece que Miramar no se renueva. Otras veces, dependiendo del punto de vista de cada uno, parece una identidad, como si no intentara gritar constantemente: «¡Estoy de moda!». 

Miramar no es precisamente un tesoro escondido ni algo que haya que buscar. Es simplemente una ciudad costera que permite pasar el rato sin grandes esfuerzos y sin sentir la necesidad de disculparse por ello. Es algo que no se encuentra mucho en esta parte de la costa, por lo que es bastante único.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *