La desaparición sistemática de mascotas en el Barrio Güemes de Córdoba capital ha dejado de ser un misterio para convertirse en una cruda realidad social. El Centro Vecinal de la zona ha formalizado una denuncia pública por lo que califican como una «masacre de gatos», asegurando que los animales están siendo capturados por personas en situación de calle para ser utilizados como fuente de alimento ante la imposibilidad de acceder a otros productos básicos.

Este fenómeno ocurre en un contexto de extrema fragilidad económica que ya había encendido las alarmas la semana pasada, tras conocerse que diversas carnicerías del país comenzaron a comercializar carne de burro como un reemplazo de bajo costo frente a los incesantes aumentos de la carne de res.

La gravedad de la situación en Córdoba refleja un límite crítico en la capacidad de subsistencia de los sectores más vulnerables.

Para muchos habitantes, estas escenas evocan inevitablemente el fantasma de la crisis de 2001, cuando el colapso económico y social derivó en situaciones similares de consumo de emergencia en distintos puntos del interior del país.

Hoy, la denuncia de los vecinos de Güemes no solo expone el dolor por la pérdida de sus animales domésticos, sino que también pone de manifiesto una crisis humanitaria que vuelve a golpear con fuerza en las calles argentinas.

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