Lo que debería ser una zona de tránsito fluido por su cercanía estratégica con el centro de la ciudad se ha convertido en una trampa de lodo y agua para los vecinos de Berisso. A tan solo una vuelta de la Avenida Montevideo, una de las arterias principales de la localidad, una calle de tierra completamente destruida expone la desidia municipal y el hartazgo de quienes deben navegar entre baches profundos cada vez que salen de sus casas.

La situación es crítica. Al ser una vía alternativa de paso frecuente —especialmente cuando la avenida principal está cortada o para evitar la espera de los semáforos—, el flujo constante de vehículos ha terminado por demoler la calzada.
Las imágenes capturadas en el lugar hablan por sí solas: enormes cráteres llenos de agua estancada y un terreno que parece más un pantano que una zona residencial.
Ante la falta de soluciones oficiales, los propios habitantes han intentado remediar el problema por cuenta propia, aunque con resultados amargos. Los vecinos relatan que en ocasiones arrojan escombros para intentar rellenar los pozos, pero la medida resulta contraproducente ya que eleva el nivel de la calle y provoca que el agua ingrese a las viviendas cada vez que llueve.
El malestar ha escalado hasta el punto de la protesta pública visible en el barrio. En un poste de la cuadra, un cartel improvisado funciona como un crudo recordatorio para las autoridades con un mensaje directo: «Intendente: hace años esperamos. Reclamo Nº 57590. La calle sigue destruida». Este número de expediente simboliza para la comunidad el vacío de una gestión que no escucha, asegurando que han intentado ver al jefe comunal personalmente en reiteradas oportunidades sin obtener respuesta alguna.
«Nos sentimos abandonados. Queremos vivir de una manera más digna, nada más», sostienen los damnificados, quienes además lanzan una dura crítica hacia la dirigencia política local, señalando que el problema parece no interesarles al no ser útil para una fotografía de gestión.
Mientras tanto, el barro se sigue acumulando y los vecinos permanecen a la espera de que el municipio envíe las máquinas necesarias para garantizarles el derecho básico de transitar con normalidad.




