En un escenario marcado por una quietud inusual en los principales accesos y una parálisis total en el cordón industrial, las ciudades de Berisso y Ensenada registraron hoy un amplio acatamiento al paro general nacional.
Desde la madrugada, el cese de actividades en el Astillero Río Santiago, la Destilería de YPF y las terminales portuarias definió el pulso de la jornada, dejando a las calles principales con un flujo vehicular reducido y una ausencia casi absoluta de transporte público.
Sin embargo, el paisaje en los centros comerciales de la Avenida Montevideo y la calle La Merced ofreción una lectura más compleja de la realidad económica local. A pesar del consenso generalizado sobre el impacto de la crisis, la gran mayoría de los comercios minoristas decidió mantener sus persianas altas.
Esta decisión, lejos de interpretarse como una falta de apoyo a la medida de fuerza o un desacuerdo con los reclamos, respondió a una urgencia financiera ineludible.
Los comerciantes de la región explicaron que la necesidad de recaudar diariamente es hoy la única garantía para enfrentar el pago de alquileres comerciales y las recientes boletas de servicios públicos, que han sufrido aumentos exponenciales. Para el pequeño cuentapropista de Berisso y Ensenada, cerrar durante 24 horas representa un riesgo directo sobre su capacidad de cubrir los costos fijos mensuales, en un contexto donde el consumo ya viene mostrando signos de retracción.
De esta manera, la jornada en la región capital se dividió entre el silencio de las fábricas y el esfuerzo de los comerciantes que, aun compartiendo el malestar social que motivó la huelga, se vieron obligados a trabajar para sostener sus propias estructuras.
El panorama final dejó en claro que, aunque el acatamiento fue masivo en los sectores sindicalizados, la asfixia económica del sector privado local impone sus propias reglas de supervivencia.




