Lo que solía ser el ritual indiscutido de cada domingo en los hogares de la región se ha transformado en un lujo de difícil acceso para la mayoría de las familias. El precio de la carne vacuna inició el segundo mes del año con un nuevo incremento que ronda el 10%, consolidando una tendencia alcista que ya supera ampliamente los índices inflacionarios generales en el último periodo interanual.
En un recorrido por las carnicerías de la Avenida Montevideo y los comercios de los distintos barrios, la realidad golpea directamente al presupuesto doméstico. Cortes populares como el asado ya se exhiben en las pizarras superando los $17.900 por kilo, mientras que el vacío llega a tocar los $19.900 en las zonas más céntricas de la ciudad.
Esta escalada no solo responde a la inercia económica del país, sino también a factores que afectan la cadena de suministro, desde el encarecimiento de la logística hasta el impacto de las fluctuaciones en el mercado de hacienda que reducen la oferta disponible para el consumo interno.
Los comerciantes locales enfrentan un dilema cotidiano: absorber parte de las subas para mantener el nivel de ventas o trasladar los costos de la media res, que ya promedia valores récord en el mostrador. Según comentan los propios carniceros de la zona, el consumo en Berisso ha mostrado un desplazamiento notable hacia opciones más económicas.
El pollo y el cerdo se han convertido en los refugios obligados de una demanda que ya no puede convalidar los precios de la carne bovina, a pesar de que estos sustitutos también han registrado subas estacionales.
El panorama general no ofrece un alivio inmediato. Con la dinámica de las exportaciones presionando sobre los precios locales, los productores encuentran incentivos que muchas veces dejan en desventaja al mercado doméstico. Para una ciudad con una raíz histórica tan ligada a la industria cárnica y a la cultura obrera, ver cómo el producto que definió su identidad se vuelve inalcanzable genera un impacto que trasciende lo económico.
Mientras las proyecciones oficiales intentan estabilizar las variables, los alimentos básicos parecen correr a una velocidad distinta, obligando a los vecinos de Berisso a modificar drásticamente sus hábitos alimenticios frente a un mostrador que no deja de subir.





