Argentina atraviesa un escenario de alerta tecnológica sin precedentes en las últimas dos décadas. Una tormenta geomagnética de categoría G4 (severa), provocada por una potente llamarada solar de clase X1.9, ha comenzado a impactar el campo magnético terrestre, con efectos que se sienten con mayor intensidad en el sur del país y la región antártica.

Este fenómeno, el más potente registrado en los últimos 22 años, no representa un riesgo biológico directo para los seres humanos, pero ha puesto en jaque la infraestructura digital y eléctrica del país.

El impacto en los aparatos electrónicos y las redes de comunicación es la principal preocupación de los organismos de monitoreo. Los sistemas de GPS podrían presentar errores de posicionamiento de varios metros o incluso quedar inoperativos temporalmente, afectando tanto a usuarios particulares como a la navegación aérea y marítima.

En cuanto a los teléfonos móviles, se prevén microcortes en la cobertura y una degradación en la calidad de las llamadas debido a las interferencias en los satélites de comunicaciones y en las estaciones base de telefonía. Además, existe un riesgo latente para las redes eléctricas; la tormenta puede inducir corrientes que sobrecarguen transformadores, lo que podría derivar en apagones localizados si no se toman medidas preventivas.

Los expertos estiman que la fase más crítica del fenómeno comenzó durante el último fin de semana de enero y sus efectos residuales se extenderán durante los primeros días de febrero de 2026.

Aunque el pico de intensidad ya habría ocurrido, las perturbaciones en la magnetósfera suelen persistir entre 48 y 72 horas adicionales, manteniendo la vulnerabilidad en sistemas satelitales y señales de radio de alta frecuencia.

Ante esta situación, se recomienda a la población mantener cargadas las baterías de respaldo, evitar actualizaciones de software críticas durante estos días y ser pacientes ante posibles caídas intermitentes de internet o servicios de mensajería. Las autoridades nacionales y la NASA continúan monitoreando la evolución de esta distorsión magnética que, si bien ha regalado auroras en latitudes inusuales, mantiene a la tecnología nacional en un estado de fragilidad absoluta.

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