La reciente oficialización del acuerdo salarial en la Municipalidad de Berisso ha desatado una ola de indignación y desamparo entre quienes dedicaron su vida al servicio público: los jubilados municipales. Mientras el Sindicato de Trabajadores Municipales (STMB), junto al aval implícito de ATE y UPCN, celebra el anuncio de un bono y porcentajes mínimos, la realidad para el sector pasivo es de una precariedad absoluta, quedando una vez más fuera del radar de las conquistas gremiales inmediatas.
El eje del conflicto radica en la naturaleza de lo pactado entre el gremio conducido por Jorge Rodríguez y el Ejecutivo local. El otorgamiento de un bono extraordinario de 200 mil pesos, a pagarse en tres cuotas entre enero y marzo, representa un alivio temporal para los trabajadores activos, pero se traduce en una «cláusula de exclusión» para los jubilados.
Al tratarse de sumas fijas no remunerativas que no conforman el salario básico, estos montos no impactan en los haberes de quienes cobran a través del Instituto de Previsión Social (IPS), dejando a los abuelos de la ciudad sin un solo peso de refuerzo para afrontar la inflación del primer trimestre.
La desidia gremial se evidencia en los plazos. El aumento real al salario básico acordado es de apenas un 7,1% total dividido entre los meses de marzo y abril.
Para un jubilado municipal, esto significa que el incremento recién se verá reflejado en su bolsillo entre mayo y junio, debido a los tiempos administrativos del IPS. En términos nominales, la cifra resulta casi una burla: se estima que el aumento neto será de apenas unos 30 mil pesos, una suma que queda pulverizada antes de ser percibida frente al costo de la canasta básica y los medicamentos.
Resulta paradójico que los mismos sindicatos que hoy ostentan el lema «Somos la fuerza que moviliza la ciudad» o «Estamos con la gente», parezcan haber olvidado que esa fuerza y esa «gente» fue construida y es constituida por los jubilados que hoy ignoran. Tanto el STMB como las delegaciones de ATE y UPCN han priorizado una «previsibilidad al bolsillo» que solo alcanza a quienes están en actividad, rompiendo la solidaridad histórica del movimiento obrero municipal.
La situación en Berisso es crítica. Mientras los activos reciben parches económicos en forma de bonos, los jubilados quedan condenados a una espera de meses por un aumento que no cubre ni una mínima parte de sus necesidades básicas.
La falta de una mirada integral por parte de los representantes sindicales deja un mensaje claro: una vez que el trabajador municipal se jubila, deja de ser prioridad para las organizaciones a las que aportó durante décadas. El silencio de los gremios ante este desfasaje temporal y económico no es más que la confirmación de un abandono institucionalizado.




