Las fábricas operan al 60% de su capacidad instalada, el peor nivel desde 2002. Desde que asumió Milei, se perdieron más de 264.000 puestos de trabajo y cerraron casi 20.000 empresas.
La industria está pagando el mayor costo del ajuste económico en curso. Los números reflejan una crisis profunda: el uso de la capacidad instalada a octubre cayó al 61%, marcando el peor nivel registrado desde el año 2002. Sectores clave, como el textil, operan a niveles críticos, por debajo del 33% de su potencial productivo.
La capacidad instalada, que mide la producción máxima que una planta puede sostener, al caer, detiene las máquinas. Los costos fijos se mantienen, erosionando los márgenes de ganancia. Menos producción hoy significa menos inversión futura y una amenaza constante de cierre.
Las estadísticas oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo revelan la magnitud de la destrucción de empleo formal. Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025, cerraron 19.114 empresas, lo que se tradujo en una pérdida de más de 264.000 puestos de trabajo registrados.
Al mirar la lupa de la destrucción cotidiana, el panorama es sombrío: esas 19.114 empresas cerradas equivalen a casi 29 empresas por día, o alrededor de 1,2 cierres por hora. La pérdida de empleo formal promedia unas 394 personas por día, lo que significa que unas 16 personas por hora dejaron de tener trabajo en el registro.
La tendencia reciente confirma el rumbo. En los últimos cuatro meses, el empleo asalariado del sector privado acumuló una caída de 49.000 puestos. Solo en septiembre se perdieron 10.700 empleos formales, reforzando la idea de que los despidos y cierres no son aislados, sino un proceso en marcha.
Los sectores más golpeados son la construcción (afectada por la parálisis de la obra pública), la industria manufacturera (impactada por la apertura de importaciones) y el comercio.
Un síntoma agudo de la crisis se detecta en la cadena de pagos. Una encuesta reciente de la Unión Industrial Argentina (UIA) reveló que casi la mitad del sector (47,5%) tiene problemas para cubrir al menos una de sus obligaciones principales, ya sea salarios, impuestos o proveedores. Un alarmante 8,2% falla en todos los rubros. El incumplimiento de impuestos (29,3%) encabeza la lista, seguido por los proveedores (26,7%). Durante el último trimestre, se registró un incremento de entre el 30% y el 40% en los cheques rechazados.
La crisis se coló de lleno en la mesa chica de la UIA, donde el clima de la reunión de dirigentes industriales fue de preocupación abierta. Los informes mostraron una caída sostenida de la actividad y del empleo. La retracción del consumo interno, el encarecimiento del crédito y la apertura importadora han asfixiado a buena parte del entramado fabril.
Los propios empresarios admiten que ya no se trata de una desaceleración, sino de una crisis instalada. El presidente de la entidad, Martin Rappallini, reconoció que «la situación es compleja», en un contexto donde el parate se siente «en todos los niveles», afectando tanto a pymes como a grandes grupos.




