En la política berissense, las prioridades parecen haber quedado completamente trastocadas. Mientras en los barrios populares la crisis aprieta de verdad, la preocupación del Ejecutivo local gira en torno a un solo tema: la obsesión por destrabar las reelecciones de los intendentes. En el centro de esta movida, Fabián Cagliardi aprovecha cada micrófono para hablar de su futuro electoral, mientras despacha los problemas de la ciudad con la misma frase en piloto automático: «Milei no manda los fondos».

Nadie niega que el recorte del Gobierno nacional golpea de lleno la obra pública y las arcas de la ciudad. Pero usar eso como excusa para todo terminó siendo un escudo comodísimo. Al repetir el casete contra la Casa Rosada, el intendente evita dar discusiones de fondo sobre su propia gestión: las deficiencias en los servicios públicos, el estado de las unidades sanitarias o la falta de respuestas para quienes peor la están pasando.

Esta muletilla tapa una realidad diaria donde no hay espacio para hablar del abandono que sienten los jubilados, los trabajadores con sueldos golpeados o las familias de los barrios más postergados. La protesta del municipio arranca y termina en la billetera; no hay un cuestionamiento profundo a las políticas nacionales ni, mucho menos, un plan propio para reorganizar los recursos locales en favor de la gente.

Para colmo, sus «socios políticos» juegan el mismo partido que su Jefe político. Referentes del espacio como Quique Slezack se sumaron al monotema de la reelección, militando la perpetuidad en el sillón municipal como si fuera la urgencia número uno de Berisso. En cada nota o aparición mediática, la rosca sobre los mandatos parece importar más que el día a día de los vecinos.

Cuando la gestión se reduce a ver cómo quedarse cuatro años más y la única respuesta ante las fallas es señalar para afuera, la dirigencia termina desconectada de la calle. Berisso no necesita dirigentes abocados a su propia continuidad mientras le echan la culpa al de arriba, sino un municipio presente que ponga las necesidades de los sectores populares por encima del armado electoral.

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