En la ciudad de Berisso, la capital provincial del inmigrante, se está gestando una injusticia silenciosa bajo el amparo de una retórica que se dice nacional y popular pero que, en la práctica, ajusta por el eslabón más débil.

Los jubilados municipales, aquellos que forjaron las bases de la estructura comunal y protagonizaron las luchas sindicales que hoy permiten la existencia de convenios colectivos, se encuentran atrapados en un laberinto financiero.

La gestión del intendente Fabián Cagliardi, quien en el escenario público se posiciona como un férreo opositor a las políticas de Javier Milei, parece haber adoptado el manual del ajuste más ortodoxo al desnaturalizar el salario municipal a través de sumas fijas y bonos que condenan al hambre a quienes ya no están en actividad.

La trampa es técnica pero de un impacto humano devastador. El sistema previsional municipal establece que los aumentos para los jubilados se disparan únicamente cuando se incrementa el sueldo básico de los trabajadores activos. Sin embargo, desde noviembre de 2025, la administración de Cagliardi ha decidido congelar el básico. En su lugar, se otorgaron bonos de contingencia para los meses de enero, febrero y marzo de 2026, seguidos por dos cifras no remunerativas para abril y mayo que promedian menos de treinta mil pesos.

Al no formar parte del sueldo conformado, estos montos no impactan en los haberes de los pasivos, dejando a los jubilados con cinco meses de ingresos nominalmente congelados frente a una escalada de precios que no da tregua.

Para dimensionar la crueldad de esta política, basta con mirar los números de la macroeconomía real en este último tramo. Desde noviembre de 2025 hasta abril de 2026, la inflación acumulada ha pulverizado el poder adquisitivo con un INDEC que marcó más de un 16% de aumento para la canasta básica, solo en los últimos meses.

Tomando como base un promedio mensual proyectado del 4% de aumento en la canasta básica (es más pero tomemos los números oficiales), el acumulado en estos cinco meses rondará el 20%. Esto significa que lo que un jubilado compraba en noviembre con su haber total, hoy le cuesta mucho más.

Sin embargo, al no haber aumento al básico, su recibo de sueldo sigue estancado en la cifra de hace casi medio año, mientras el costo de los servicios y los alimentos básicos en Berisso se dispara.

Esta parálisis salarial no es obra exclusiva del Ejecutivo; cuenta con el aval necesario y la firma cómplice de las conducciones gremiales. El Sindicato de Trabajadores Municipales (STMB), junto a ATE y UPCN, han estampado su rúbrica en acuerdos paritarios que aceptan sumas en «negro» sabiendo perfectamente que estas excluyen a los jubilados.

Resulta una paradoja dolorosa que las mismas organizaciones que fueron fortalecidas por la lucha de quienes hoy están retirados, les den la espalda en una mesa de negociación. Esta sumisión sindical despierta sospechas inevitables entre las bases: ¿a cambio de qué se aceptan estas condiciones que hambrean a los pasivos?

Los rumores de «premios» internos, beneficios de caja y prebendas para las cúpulas gremiales sobrevuelan el Palacio Municipal y las distintas áreas municipales como la única explicación lógica ante una entrega de derechos tan evidente.

Es una paradoja política: el Estado municipal se llena la boca hablando de justicia social mientras utiliza la ingeniería contable y la connivencia sindical para desfinanciar a sus mayores.

Los «bonos» no son aumentos, son parches que invisibilizan la realidad de los pasivos y desfinancian la caja previsional. Al negarse a mover el básico, Cagliardi y los gremios no solo precarizan al empleado actual, sino que directamente abandonan a su suerte a quienes ya cumplieron su ciclo laboral.

La gestión local se maneja con la misma frialdad que critica en sus discursos, demostrando que el ajuste no tiene ideología cuando se trata de equilibrar las cuentas a costa del plato de comida de los jubilados. Hoy, los antiguos trabajadores municipales no disfrutan del fruto de sus años de servicio; sobreviven en la desidia de un municipio y de unos gremios que les deben su presente y les niegan su dignidad en el tramo más vulnerable de sus vidas.

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