VECINOS DENUNCIAN QUE LA ZONA ES UN CAOS INTRANSITABLE Y RECLAMAN RESPUESTAS AL INTENDENTE ANTE LA DESTRUCCIÓN DE LA TRAZA URBANA POR EL PASO DE CAMIONES MUNICIPALES.

Lo que debería ser una calle de convivencia vecinal en el corazón de Berisso se ha transformado en un terreno de batalla contra el barro, la desidia y el peligro constante.

Residentes de la calle Carlos Gardel, entre 165 y 166, denuncian que viven en condiciones de abandono total, con una arteria destruida por el paso de vehículos de gran porte y una falta de mantenimiento estatal que ya no pueden sostener.

A pesar de encontrarse a escasas cuadras del Palacio Municipal, la realidad de esta zona parece pertenecer a otra dimensión. Según el testimonio de una frentista afectada, la calle es utilizada diariamente como estacionamiento para personal del hospital y del propio municipio, generando una carga vehicular que el suelo de tierra no logra soportar.

La vecina relata que, tras sus jornadas laborales, se encuentra con un panorama desolador que empeora con cada lluvia. En invierno la zona se convierte en un cráter intransitable, y la situación se repite este verano.

El paso constante de camiones de basura, vehículos municipales y transportes pesados que abastecen a supermercados de la zona, terminan de arruinar la calzada, dejando pozos profundos que los propios vecinos deben rellenar por su cuenta.

La falta de infraestructura es tal que ni siquiera existen veredas dignas. Los peatones se ven obligados a caminar por el borde del canal, con el riesgo que eso implica.

Ante la velocidad con la que circulan los camiones, los vecinos han tenido que colocar sogas de forma precaria para delimitar el paso y evitar que los autos terminen volcando dentro del zanjón o subiéndose a los frentes de las casas.

A este escenario se suma una preocupante crisis sanitaria por la proliferación de ratas, potenciada por el uso del canal como basural improvisado.

A pesar de los intentos de los vecinos por comunicarse con el intendente para plantear estas urgencias, aseguran que nunca hay lugar para recibirlos ni para brindarles una solución mínima.

Los habitantes de la calle Carlos Gardel aclaran que no exigen obras de asfalto inmediatas, sino al menos un mejorado básico que permita circular con dignidad.

Con la municipalidad prácticamente a la vuelta, la sensación de los vecinos es de una profunda invisibilidad ante las autoridades locales.

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