La gestión municipal de Berisso vuelve a quedar bajo la lupa tras un episodio que mezcla la frialdad administrativa con el desamparo social en la intersección de Av. Montevideo y calle 38, donde un trabajador local denunció el secuestro de sus herramientas de sustento por parte de personal de la Comuna, en un operativo que, lejos de buscar la regularización, terminó por hundir en la desesperación a un vecino que solo intenta garantizar el plato de comida para su hija de tres años.

Según el relato de la víctima, la secuencia rozó el hostigamiento: primero se le notificó la necesidad de tramitar un permiso para continuar con su puesto de venta, pero apenas unas horas más tarde, una camioneta municipal regresó para cargar su «chulengo» y demás pertenencias sin otorgarle el tiempo mínimo para iniciar los trámites correspondientes.

Este accionar, ejecutado con una celeridad que el municipio rara vez demuestra para resolver baches o luminarias, pone de manifiesto una desconexión alarmante con la realidad de las familias berissenses.

Mientras el trabajador desmiente las versiones oficiales que hablan de advertencias previas y exige la devolución de sus elementos de trabajo, la respuesta estatal sigue brillando por su ausencia.

Resulta paradójico que, en un contexto de crisis donde el trabajo autogestionado es el último refugio de muchos, la Comuna elija el camino del decomiso antes que el del acompañamiento.

El reclamo en 38 y Montevideo no es solo por un puesto de comida, es el grito de un padre de una nena de 3 años, que se quedó sin nada frente a una burocracia que parece haber olvidado que detrás de cada expediente hay una persona con hambre.

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