La ciudad de Berisso enfrenta una crisis profunda en su planta automotriz que afecta directamente la calidad de vida de sus habitantes y la seguridad de sus trabajadores.

La situación de los camiones de recolección de residuos es crítica; las unidades son insuficientes para cubrir la amplia extensión del territorio y sufren roturas constantes. Este deterioro permanente del equipo pesado genera interrupciones sistemáticas en la recolección, dejando a diversos barrios con un servicio deficiente que no logra normalizarse por la falta de inversión en mantenimiento.

El panorama es aún más alarmante en las áreas de Seguridad Vial y Control Urbano. Los trabajadores municipales se ven obligados a patrullar en camionetas que jamás superarían una Verificación Técnica Vehicular (VTV). Estos vehículos presentan roturas en los parabrisas, carecen de cinturones de seguridad y sufren fallas mecánicas graves en sistemas vitales como los frenos y la dirección.

La precariedad llega al punto de que los empleados deben trabar los vidrios laterales con palos o cartones para protegerse del frío o la lluvia, una muestra del abandono absoluto de las unidades tras años sin mantenimiento.

Existe, además, una irritante contradicción institucional en las calles de la ciudad. Resulta paradójico que un vecino sea multado por una luz de giro quemada o cualquier falta menor por parte de personal municipal que se desplaza en vehículos que incumplen las normas básicas de seguridad vial.

Mientras la operatividad de calle se cae a pedazos, los pocos vehículos nuevos que ingresan a la flota municipal son destinados exclusivamente al uso de los funcionarios, profundizando la brecha entre las prioridades de la gestión política y las necesidades urgentes de los trabajadores y la comunidad.

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