La gestión del intendente Fabián Cagliardi ha sumado un nuevo capítulo de precariedad en la prestación de servicios básicos. Esta semana, el propio secretario de Servicios Públicos de Berisso, Lucas Spivak, tuvo que salir a dar explicaciones sobre las constantes fallas en la recolección de residuos, terminando por confirmar lo que los vecinos denuncian en cada barrio: el municipio no cuenta con la flota necesaria para cubrir la ciudad.
La radiografía del parque automotor de Berisso es alarmante. Según los datos oficiales, el municipio cuenta con un total de seis camiones en el corralón central y una unidad destinada a cada una de las delegaciones. Sin embargo, la operatividad real es todavía más paupérrima de lo que se sospechaba. El propio Spivak admitió que, debido a averías mecánicas, hay actualmente dos camiones fuera de servicio, lo que reduce la flota operativa del corralón a tan solo cuatro unidades.
Resulta difícil de explicar cómo una ciudad con la extensión y densidad poblacional de Berisso puede garantizar la higiene urbana con apenas cuatro vehículos en funcionamiento.
A pesar de la gravedad del cuadro, el discurso oficial intenta disfrazar la falta de recursos con eufemismos sobre una supuesta «reorganización logística» que no se refleja en las esquinas desbordadas de bolsas. Spivak calificó la situación como algo bajo control y detalló que se están realizando reuniones operativas para «reacomodar los recursos disponibles».
La estrategia, según el funcionario, consiste simplemente en sobreexigir a las pocas unidades que aún arrancan, rotándolas en distintos turnos para intentar cubrir los baches del servicio.
Este sistema de parches no solo pone en riesgo la salud pública por la acumulación de residuos, sino que también acelera el desgaste de los pocos camiones que quedan en pie. Al trabajar doble turno sin el mantenimiento adecuado, estas unidades terminan irremediablemente en el taller, profundizando el círculo vicioso.
La frase de Spivak, «ya están en funcionamiento 4 de los 6 camiones», lejos de ser un mensaje de tranquilidad, suena a confesión de parte: la gestión Cagliardi parece haber normalizado la escasez, pidiéndole al vecino paciencia ante un servicio que ya no se mide por eficiencia, sino por pura supervivencia.
Mientras el municipio intenta sostener el relato de una gestión presente, la realidad mecánica del corralón demuestra que Berisso está a solo un motor fundido de quedar totalmente tapada por la basura.




