Las góndolas de los supermercados y mayoristas registran un nuevo recalentamiento de precios en el inicio de abril, con listas que llegaron con aumentos de hasta el 12% en productos de consumo masivo.

Esta dinámica, impulsada por el incremento en los costos logísticos y de producción, amenaza con consolidar un piso inflacionario del 3% mensual, poniendo en duda la trayectoria descendente que el Gobierno buscaba exhibir como su principal logro económico.

Las remarcaciones abarcan una amplia gama de productos básicos: en el sector mayorista se observaron subas del 12% en pomadas, entre 7% y 9% en yerba y azúcar, y un 6,5% en lácteos y harinas.

Sin embargo, el impacto más severo se siente en los alimentos frescos. Entre marzo y abril, las frutas acumularon subas del 40%, mientras que hortalizas como la papa y la cebolla treparon por encima del 50%, llegando en algunos casos específicos a incrementos del 70%.

Uno de los disparadores centrales de esta nueva ola de aumentos es la suba de los combustibles, potenciada por el contexto bélico internacional. Los fletes registraron un incremento del 8,4% en pesos y del 12% en dólares, costo que se traslada de forma directa al precio final. A esto se suma el encarecimiento de insumos clave para el agro, como la úrea, que repercute directamente en la cadena del trigo y la producción de harina.

El escenario actual contrasta con la situación de hace apenas un mes, cuando los supermercadistas sostenían precios ante la fuerte caída del consumo. No obstante, la recomposición de costos y las expectativas inflacionarias reactivaron la cadena de remarcaciones.

Desde el sector mayorista advierten que el consumo sigue sin reaccionar y que incluso se han rechazado acuerdos paritarios ante la imposibilidad de convalidar aumentos salariales con una demanda interna en retroceso.

El deterioro del poder adquisitivo ha forzado cambios drásticos en los hábitos de los hogares, que ahora se vuelcan masivamente hacia segundas marcas y restringen la compra de productos no esenciales. Esta combinación de inflación persistente en alimentos básicos y caída de las ventas configura un círculo vicioso difícil de quebrar, donde las empresas enfrentan la doble presión de proveedores con precios al alza y consumidores con bolsillos agotados.

Incluso desde el ámbito oficial se han reconocido las tensiones. El ministro de Economía, Luis Caputo, admitió recientemente que la inflación podría sufrir oscilaciones al alza en el corto plazo. Con el precio de la canasta básica subiendo a un ritmo mayor que los ingresos, el impacto es especialmente regresivo para los sectores de menores recursos, diluyendo el capital político que el Gobierno había construido en torno a la desaceleración de los precios.

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