¿En qué clase de sociedad nos convertimos? El sábado por la noche, la esquina de 125 y 80 fue escenario de una escena de terror y desprecio absoluto por la vida humana. Mario Rodrigo González, de apenas 16 años, pelea por su salud en el Hospital Larraín mientras sus agresores duermen tranquilos en sus casas.

Lo que ocurrió a las 20:17 no fue un «accidente», fue una muestra de barbarie. Según los testimonios que desgarran el alma, todo comenzó con una maniobra imprudente de una camioneta. Mario intentó esquivarla, pero el destino —y la negligencia ajena— lo puso frente a un segundo vehículo que terminó por sellar la tragedia.

Lo que siguió después no tiene nombre y exige la condena social más firme. El conductor de este segundo auto no solo lo atropelló, sino que descendió del vehículo, miró al joven herido en el suelo y, con una frialdad que hiela la sangre, decidió volver a subir para seguir camino.

La saña es incomprensible: los testigos aseguran que el conductor avanzó con el joven atrapado debajo del chasis, luego retrocedió para «desengancharlo» y finalmente aceleró para perderse en la oscuridad de la noche. Lo dejó ahí, tirado como si su vida no valiera nada.

La familia de Mario Rodrigo González está desesperada y la ciudad no puede ser cómplice con el silencio. El joven sigue internado y la investigación necesita datos urgentes para identificar a estos criminales al volante. No podemos permitir que la impunidad gane esta batalla. Si viste algo, si alguna cámara de seguridad captó el modelo del auto o si algún taller mecánico recibió un vehículo con abolladuras sospechosas, es momento de hablar.

Hoy es Mario, pero mañana podría ser cualquier hijo de Berisso. Justicia por Mario. Que aparezcan los responsables y que caiga sobre ellos todo el peso de la ley. ¡Basta de asesinos al volante!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *