El poder de compra del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) cayó a la mitad en los últimos diez años, pasando de adquirir 64 kilos de asado en 2015 a solo 28 kilos en la actualidad. Este deterioro, que el gobierno de Javier Milei ignora, es una realidad que empobrece a los trabajadores y no permite cubrir sus necesidades básicas.
El Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) de Argentina ha perdido más de la mitad de su poder de compra en una década, según un análisis de Marcelo Yaquet, especialista en economía agraria. Los datos, publicados en su cuenta de X, demuestran que mientras en junio de 2015 el SMVM alcanzaba para 64 kilos de asado, en junio de 2025 apenas permite comprar 28 kilos del mismo corte de carne.
Esta dramática caída refleja el deterioro del poder adquisitivo en las últimas cuatro presidencias. Durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, el salario mínimo permitía comprar 64 kilos de asado. Con Mauricio Macri, la cifra se redujo a 61 kilos. Durante el gobierno de Alberto Fernández, la cantidad bajó a 46 kilos, y con Javier Milei, se desplomó a 28.
Los precios de los cortes de carne han aumentado de forma exponencial. Por ejemplo, el kilo de asado, que en 2015 costaba $73,94, hoy se vende por $11.390, lo que representa un aumento del 15.000%. Otros cortes populares como el vacío, la nalga o el lomo también han sufrido incrementos desorbitados.
Yaquet enfatiza que la pérdida de poder de compra no se limita a la carne, sino que afecta a productos y servicios esenciales como la leche, el pan, los servicios públicos y los combustibles. A pesar de los esfuerzos diarios de los trabajadores, su dinero rinde cada vez menos, condenándolos a un empobrecimiento constante.
El presidente Javier Milei ha desatendido las negociaciones del Consejo del Salario, la Productividad y el Empleo, el organismo tripartito encargado de fijar el SMVM. Desde el inicio de su gestión, el Consejo no ha logrado un acuerdo entre el Gobierno, los sindicatos y las cámaras empresarias. En consecuencia, el SMVM se ha fijado por decreto, un procedimiento que se repitió en las últimas reuniones.
Según el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, el salario mínimo debería garantizar un ingreso digno que cubra las necesidades básicas de los trabajadores, incluyendo alimentación, vivienda, salud, educación y recreación. Sin embargo, el SMVM se ha convertido, en palabras de Yaquet, en una «herramienta de especulación y concentración de la riqueza», utilizada como ancla para ajustar salarios, prestaciones sociales y recortar derechos.
En un país donde el salario mínimo no alcanza para comer, la desigualdad se profundiza. «La disputa por el salario mínimo no es técnica, es política», concluye Yaquet, y subraya la necesidad de que la clase trabajadora, los jubilados y el campo popular pongan este tema en la agenda para construir un futuro más justo.