Un minucioso análisis sobre el ecosistema de comunicación en plataformas digitales sacó a la luz la distorsión del debate público: solo el 12% de las interacciones son de usuarios reales, mientras que el resto responde a un aceitado engranaje de automatización y troleo coordinado.
El ecosistema digital y las estrategias de despliegue en redes sociales vinculadas a sectores libertarios han quedado bajo la lupa de consultoras de reputación digital, universidades y organismos de derechos humanos. Los datos que arroja la escucha social (social listening) en plataformas como X (anteriormente Twitter) exponen una abrumadora presencia de mecanismos artificiales destinados a inflar apoyos, instalar agendas políticas y coordinar ataques a opositores.
Según las mediciones analizadas sobre las menciones y comentarios vinculados a la conversación política, el mapa de usuarios en la red se compone de la siguiente manera:
- 80% de cuentas con comportamiento automatizado (bots): Perfiles programados para multiplicar mensajes, replicar hashtags específicos en cuestión de segundos e inflar métricas de interacción.
- 8% de cuentas clasificadas como trolls: Perfiles administrados por operadores reales dedicados al hostigamiento digital, el ataque directo a figuras públicas y la confrontación ideológica.
- 12% de usuarios reales: Apenas una fracción minoritaria corresponde a la ciudadanía interactuando de forma orgánica y espontánea dentro del debate.
Respaldos de consultoras, universidades y organismos
Este fenómeno de manipulación algorítmica y conversación simulada ha sido rigurosamente documentado por diversas instituciones especializadas:
- Consultora Reputación Digital (José Norte Sosa): Mediante su plataforma de procesamiento de macrodatos Sapiens, elaboró el informe “¿Se le acabó el aura a Milei?”, donde se precisó que 8 de cada 10 interacciones provienen de sistemas automatizados, mientras que el público orgánico apenas alcanza el 12%.
- Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE: Desarrolló investigaciones dedicadas al estudio de las «granjas de teléfonos», los denominados cyber troops, y la aplicación de algoritmos e Inteligencia Artificial para incidir en la opinión pública y las campañas políticas locales.
- Amnistía Internacional Argentina: En su informe El debate público limitado: Trolling y agresiones en Twitter Argentina, documentó los patrones de coordinación en redes y el uso de cuentas fantasma dedicadas al amedrentamiento y la censura informal.
- Investigaciones periodísticas y testimonios: Diversos medios de investigación y portales de verificación expusieron testimonios y declaraciones del propio entorno de comunicación digital respecto al funcionamiento de estas tecnologías para influir en las tendencias.
El rol de Fernando Cerimedo y la «Granja» de contenido
En el centro de esta arquitectura digital aparece la figura de Fernando Cerimedo, estratega de comunicación y creador de plataformas como La Derecha Diario. A través de su estructura se diagramó un modelo de combate en redes fundamentado en la ingeniería de datos y la automatización masiva.
Entre las principales metodologías del sistema destacan el uso de Inteligencia Artificial para el microsegmentado de audiencias y la reversión de climas de opinión pública en momentos críticos de la agenda institucional. La estrategia opera mediante redes interconectadas que coordinan cientos de cuentas fantasma respaldadas por perfiles de alto volumen para posicionar Trending Topics y dominar la pestaña «Para ti» de usuarios comunes.
Sin embargo, el sistema ha dejado ver sus costuras. Diversos desacoples técnicos e imperfecciones en la configuración de las herramientas automatizadas derivaron en publicaciones fallidas —como cuentas que respondieron erróneamente con la palabra de plantilla «Reply!» en posteos oficiales—, dejando al descubierto el trasfondo robótico detrás de las interacciones.
El impacto en la representación política
La presencia masiva de granjas de automatización no solo altera los algoritmos de recomendación de las plataformas, sino que construye una falsa sensación de consenso o rechazo abrumador frente a medidas de gobierno e intervenciones de dirigentes políticos.
Este fenómeno consolida una burbuja de resonancia digital donde la conversación pública se ve condicionada por un aparato técnico capaz de simular multitudes, distorsionando la percepción real de la opinión ciudadana en el territorio digital.




