En medio de una crisis abrumadora, con barrios colapsados por la falta de iluminación, pastizales sin cortar y calles intransitables, la filtración de un certificado oficial de la Subdirección de Sueldos de la Municipalidad de Berisso encendió la indignación pública al confirmar que la dieta bruta de cada concejal trepó a la suma de $6.243.930,00 a partir del 1° de septiembre de 2026, casi lo mismo que gana un Diputado Nacional y más de lo que cobra un diputado provincial. La escalada del gasto político no se detiene: cabe recordar que en abril de este mismo año la dieta legislativa tuvo su primer gran salto, pasando de los $3.000.000 a rozar los $4.000.000, para luego dar este nuevo zarpazo salarial que en septiembre superó los 6,2 millones de pesos mensuales.

La disparidad se vuelve escandalosa al analizar cómo se calculan legalmente estos haberes dentro de la estructura comunal. La dieta de un concejal equivale por norma a 4,5 sueldos de un trabajador municipal, lo que deja al descubierto que el haber básico de referencia del empleado comunal roza apenas los $1.387.000. Sobre esta misma fórmula legal, el sueldo del intendente Fabián Cagliardi equivale a 16 sueldos de un trabajador municipal, fijando su remuneración básica bruta en una cifra cercana a los $22.200.000 mensuales, a la cual se le deben sumar astronómicos extras de bolsillo como gastos de representación, viáticos, antigüedad y otros adicionales acordados por el Poder Ejecutivo local, es decir cobra más que el Gobernador y hasta más que el presidente.
Esta realidad abre un abismo moral frente al resto de la comunidad y a los trabajadores que sostienen el funcionamiento de la ciudad día tras día. Mientras un edil percibe más de 6,2 millones de pesos y el intendente Cagliardi supera holgadamente los 22 millones con sus adicionales, un trabajador municipal de planta cobra una fracción ínfima de esa suma, un pasante apenas percibe ingresos de subsistencia de entre $250.000 y $600.000, y un cooperativista —encargado de las tareas más duras de desmalezamiento y limpieza en las calles— subsiste con apenas $150.000 a $400.000 al mes. De este modo, un cooperativista necesitaría trabajar unos tres años seguidos, sin gastar un solo peso, para igualar lo que un concejal cobra en tan solo 30 días.
El contraste entre la bonanza de la clase política y la desidia que sufren los contribuyentes resulta insostenible. Mientras en los despachos oficiales y en las bancadas del Concejo Deliberante los aumentos se aprueban a ritmo acelerado y las Dietas se multiplican exponencialmente, los vecinos del distrito se ven obligados a convivir en esquinas oscuras convertidas en zonas liberadas, con basurales y ratas proliferando a la puerta de sus casas, y con servicios públicos paralizados por la falta de recursos, demostrando una desconexión total entre las prioridades del Municipio conducido por Cagliardi y la dramática realidad de la gente.




