El anuncio del cierre definitivo de la sucursal del Banco BBVA en Berisso, programado para el próximo 30 de octubre, constituye una muestra alarmante del proceso de desinversión bancaria y retroceso del servicio público-privado que afecta a los distritos bonaerenses. Tras la fachada del ajuste, la desregulación financiera impulsada por las recientes medidas del Banco Central y el avance del paradigma corporativo dejan al descubierto un trasfondo socialmente destructivo: la rentabilidad empresaria vuelve a imponerse con crudeza sobre las necesidades concretas de la comunidad.

Detrás de la decisión de clausurar la histórica sede de Montevideo y 8 no hay una simple «reestructuración administrativa», sino la manifestación directa de un marco normativo nacional permisivo que otorga vía libre a los bancos para abandonar plazas locales sin asumir el menor costo social. Lo que en otros años requería un riguroso examen de impacto comunitario y fiscal por parte del órgano regulador, hoy se reduce a un mero trámite burocrático, dejando en total desamparo tanto a comerciantes e individuos golpeados por la falta de dinero circulante como a los ocho trabajadores cuyo futuro laboral pende del hilo de promesas vagas y sin garantías normativas, tal cual lo comenta el representante gremial en el vídeo de la nota realizada por el medio SOMOS LP.

La respuesta de la entidad financiera raya en la desatención y la insensibilidad: derivar masivamente a la masa de clientes berissenses hacia la sucursal de Ensenada mediante fríos e impersonales correos electrónicos. Esta relocalización forzosa ignora deliberadamente las dificultades de movilidad, el costo adicional de transporte y la pérdida de tiempo que sufrirán los usuarios, especialmente los adultos mayores y aquellos sectores no digitalizados que dependen del trámite presencial y la red de cajeros automáticos. Se consolida así un fenómeno de desertificación bancaria que degrada la calidad de vida urbana, cercena la dinámica comercial local y demuestra cómo el afán de maximizar ganancias y recortar costos operativos termina desmantelando la infraestructura básica de nuestras ciudades.

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