El Municipio de Berisso anunció con entusiasmo el inicio de los trabajos para poner nuevamente en funcionamiento la Clínica Mosconi, prometiendo acompañar el proceso y avanzar en su puesta en valor para devolver la atención sanitaria a la comunidad y, en particular, a los adultos mayores. Sin embargo, detrás del discurso oficial cargado de supuestas buenas intenciones, persisten interrogantes estructurales que la gestión comunal aún no ha logrado dejar en claro.
La historia reciente del centro asistencial está marcada por una profunda inestabilidad. La clínica funciona bajo la figura de una cooperativa de trabajo gestionada por sus propios empleados, un esquema que surgió tras años de vaciamiento y crisis financiera. Con el paso del tiempo, el establecimiento sumó la pérdida determinante de la cápita de PAMI, sucesivas inspecciones del Ministerio de Salud provincial que derivaron en su clausura por severas irregularidades edilicias y sanitarias, e internas directivas acompañadas por denuncias de mal manejo de fondos que requirieron la intervención del INAES.
Ante este panorama, el repentino aviso de la administración local sobre su involucramiento genera más incertidumbre que certezas. En primer lugar, se desconoce cuál será el papel concreto de la Comuna: si busca asumir un control administrativo, encarar una estatización progresiva o actuar únicamente como un canalizador de subsidios.
Tampoco hay precisiones sobre la procedencia de la ayuda económica. Si los arreglos e insumos se financiarán con fondos públicos municipales, resulta imprescindible saber bajo qué mecanismos de transparencia se fiscalizará el destino de cada peso. A esto se suma la incógnita sobre la titularidad y la representación legal del lugar, teniendo en cuenta los conflictos vigentes dentro de la cooperativa. Finalmente, queda pendiente saber si el plan de puesta en valor contempla saldar las deudas salariales históricas y garantizar la estabilidad de los médicos, enfermeros y empleados que sostuvieron la institución durante años.
Prometer la reapertura de un espacio de salud tan significativo para la ciudad siempre suena conveniente. No obstante, sin explicaciones transparentes sobre quién conduce realmente el proyecto, cómo se auditarán los recursos de los vecinos y de qué forma se resolverá el descalabro institucional de fondo, el anuncio corre el peligro de quedar en una simple maniobra política frente a una crisis sanitaria que Berisso arrastra hace demasiado tiempo.




