El endeudamiento familiar ha dejado de ser una estrategia de progreso o inversión para transformarse en una herramienta de estricta supervivencia cotidiana en la Región Capital. Según los datos revelados por el Mapa de la Deuda elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad y por la Defensoría del Pueblo bonaerense, en distritos como Berisso los índices de morosidad han alcanzado niveles críticos, ubicando a la comuna entre las zonas con mayor tensión financiera de la provincia de Buenos Aires, donde un 20,24% de los vecinos endeudados ya registra atrasos graves en sus pagos para transformarse en «incobrables».
Los informes provinciales y regionales detallan que casi dos de cada tres hogares debieron recurrir a préstamos o plásticos en el último año, pero con un cambio drástico en el destino de los fondos: el 56,9% utilizó ese dinero para comprar alimentos y casi un 30% adicional para pagar alquileres, tarifas de servicios públicos o remedios. La asfixia se profundiza por el crecimiento de los créditos informales, como las billeteras virtuales, prestamistas privados y el costo del financiamiento rotativo de tarjetas.
Para comprender la dimensión de estas cifras en la vida de la comunidad berissense, la estadística se refleja de forma directa si se toma una muestra representativa de tres vecinos en una esquina de la ciudad:
El primer vecino representa al segmento que logra sostenerse dentro del sistema crediticio regular sin caer en la mora. Forma parte de ese 60% de la población que recurre de forma mensual a la tarjeta de crédito o a micropréstamos para realizar la compra del supermercado o afrontar gastos cotidianos de consumo. Si bien paga los resúmenes a término o efectúa entregas mayores al pago mínimo, compromete mes a mes una porción cada vez más alta de su salario únicamente para cancelar cuotas del mes anterior, viendo drásticamente reducida su capacidad de ahorro o de gasto futuro.
El segundo vecino encarna la franja más crítica observada en los relevamientos regionales: el deudor en mora. Representa a ese 20% de los vecinos endeudados en Berisso que ya no pueden mantener las cuentas al día. Con ingresos superados por la inflación y los costos fijos, ha acumulado atrasos superiores a 90 días en compromisos financieros. Tras agotar el margen de sus plásticos bancarios, debió refinanciar saldos a tasas elevadas o recurrir a aplicaciones financieras y créditos no bancarios para cubrir servicios esenciales, cayendo en un círculo que ahoga la economía del hogar.
El tercer vecino refleja al grupo de berissenses que no posee registros de deuda en el sistema financiero o que ha decidido desvincularse por completo del crédito formal. Sin embargo, su realidad económica no permanece aislada, ya que al desenvolverse en un entorno comunitario resentido por la falta de liquidez y el sobreendeudamiento comercial, su consumo diario se ve restringido al uso estricto de ingresos corrientes, esquivando las herramientas financieras por temor al endeudamiento o por falta de acceso al crédito garantizado.
La radiografía local concluye que en la región, más que en otros puntos de la provincia, la rueda del endeudamiento ya no financia bienes durables ni proyectos a largo plazo, sino que actúa como un paliativo provisional para sostener la canasta básica familiar, dejando a uno de cada cinco endeudados de la ciudad al borde del colapso financiero.




