A partir del próximo 1° de agosto, los usuarios del transporte público en Berisso, Ensenada y la región enfrentarán un doble impacto en el servicio: por un lado, se aplicará una nueva actualización tarifaria en el precio del boleto y, por otro, se registrará una reducción en la frecuencia de las líneas urbanas e interurbanas.
El ajuste en el valor del pasaje responde a la aplicación del mecanismo automático de actualización mensual vigente en la provincia de Buenos Aires, el cual combina el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Gran Buenos Aires con un porcentaje adicional. Con este incremento del 3,9%, el boleto mínimo (de 0 a 3 kilómetros) para quienes utilicen la tarjeta SUBE registrada superará los $1.200, mientras que el tramo más extenso (más de 27 kilómetros) sobrepasará la barrera de los $2.000. Para los usuarios que no posean la tarjeta nominada, las tarifas continuarán duplicando los valores generales.
A la suba de tarifas se le suma una creciente preocupación vecinal por la baja en las frecuencias habituales de los colectivos. En las últimas semanas, líneas clave que conectan a Berisso y Ensenada —como la 202 y la 275— comenzaron a prestar servicios bajo esquemas reducidos, por el receso invernal, pero ¿Pueden esos cambios quedarse para siempre?. Desde el sector empresario señalan que la reducción de frecuencias obedece al desfasaje entre el incremento constante de los costos operativos (combustibles, repuestos y salarios) y los plazos de acreditación de los subsidios estatales, lo que obliga a adecuar la cantidad de unidades en calle para sostener la operatividad del sistema.
La combinación de tarifas más elevadas y mayores tiempos de espera en las paradas genera malestar en los usuarios de la región, quienes deben afrontar mayores costos para desplazarse diariamente hacia sus puestos de trabajo, centros educativos y de salud.




