Las autoridades regionales se encuentran investigando un indignante y grave episodio de violencia e irregularidad institucional ocurrido en el límite entre La Plata y Berisso.

El calvario para un joven de la zona comenzó el pasado lunes por la noche, cuando manejaba tranquilamente en dirección a su hogar y fue interceptado de forma imprevista por otro automóvil en la intersección de la Ruta 11 y la calle 92. Al verse acorralado y ante el fundado temor de estar siendo víctima de un violento asalto en plena vía pública, el conductor decidió detener la marcha de su rodado y descendió con los brazos en alto en señal de total sumisión para preservar su vida.

La respuesta que obtuvo la víctima fue una ferocidad desmedida por parte de un grupo de civiles. Cinco hombres descendieron del vehículo interceptor y, sin mediar palabra alguna, comenzaron a propinarle una brutal golpiza en medio de la calzada. El ensañamiento de la patota escaló a niveles alarmantes cuando uno de los agresores extrajo un arma de fuego y le aplicó un fuerte golpe en el rostro utilizando la culata de la misma, provocándole serios cortes y un abundante sangrado que lo dejó severamente herido.

En pleno desarrollo del brutal ataque, un móvil policial con dos efectivos a bordo arribó al lugar del hecho. Lejos de garantizar la debida protección al ciudadano ensangrentado y proceder a la inmediata detención de los agresores por la flagrante agresión, el personal policial intervino para interrumpir la disputa y determinó el traslado de todos los involucrados hacia los asientos de la Comisaría 16° de La Plata. Sin embargo, la verdadera injusticia se consumó una vez dentro de las instalaciones de la mencionada seccional.

En un proceder completamente irregular y sin ningún tipo de contención médica previa por sus heridas, el joven agredido terminó alojado directamente en el sector de los calabozos de la comisaría. La víctima fue privada de su libertad sin recibir mayores explicaciones sobre los motivos de su encierro, mientras padecía las consecuencias del violento altercado físico del que acababa de ser objeto.

La confirmación del pésimo accionar policial llegó horas más tarde a través de las propias averiguaciones que el afectado logró realizar por sus propios medios en diálogo directo con los efectivos destinados a custodiarlo. El personal de la seccional admitió de manera interna que su encierro en el calabozo se debió a una supuesta confusión de identidad originada en el marco de una investigación paralela, dejando en evidencia una alarmante negligencia y un grave error de procedimiento por parte de la fuerza de seguridad que debía protegerlo.

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